jueves, marzo 09, 2006

Sociedad Tolkien y Hammo.

Quien me conozca, aunque sea poco, sabe de mi afición por JRR Tolkien y por su obra. Esa afición, que durante años había tenido un carácter estrictamente personal, encontró como por casualidad un lugar donde podía dar rienda suelta a todo su potencial. Esto ocurrió a principios del año 2000, hace cerca de seis años, y en este lugar.

Llegué allí en las nubes, pero tardé menos de año y medio en impactar contra el duro suelo a una velocidad vertiginosa. La culpa, no hace falta decirlo, es mía, y mi carrera dentro de la sociedad ha sido la que ha sido por una serie de errores que cometí. ¿Lección aprendida? Ya veremos.

En esos dos primeros años aprendí muchas cosas acerca de mí mismo y de las personas que me rodeaban. Esas personas, compañeros de afición, de juergas y de cervezas, fueron también mis compañeros de camino. En la STE apredí a reir de verdad, a llorar de verdad, a amar de verdad, y más tarde a odiar de verdad. Podríamos decir que crecí dentro de la STE; y ella ha cargado con muchas de las culpas y mucha de la tensión de frentes que tenía abiertos. Algunos aún lo están. Pero ya es hora de cerrarlos y de ser un poco justo.

Acabo de mandar un correo electrónico a R, una bella dama novia de un amigo mío, que me pidió información acerca de la STE y de lo que se hacía en ella. Ha pasado una semana desde que me lo pidió y desde entonces no había encontrado, o mejor dicho, no había querido encontrar tiempo para escribirle. Pero ha habido un revulsivo que me ha hecho plantearme la inmadurez de mi postura ante la STE, y es ni más ni menos que este, y por extensión, este otro.

Para los que no lo sepan, el smial de Hammo es la segunda delegación (cronológicamente hablando) de Madrid. Surgió del antiguo Smial de Númenor por motivos que no viene al caso exponer ahora. Durante un tiempo demasiado largo esperé demasiado de este smial, y durante ese tiempo le dí mi confianza y mi apoyo ante el universo. También le dí mi energía y, hasta cierto punto, mi casa. Y mi impresora ;).
Luego me perdí por esos mundos, hastiado, y con ganas de dedicarme a mis cosas. Solamente tuve contacto con unas pocas personas de Hammo, las cuales me iban contando qué tal andaban las cosas por allí. Luego ni siquiera eso.

Pero ahora, dos años después, cuando leo los mails de agradecimiento de las personas que asistieron a la III Mereth DraCon, siento alegría por ver que ese cúmulo de sueños que era el Hammo que yo conocí se ha convertido en un cúmulo de realidades. Yo no he participado en ello, pero eso ya no importa.

Chicos, chicas, hammlings todos, mi enhorabuena de todo corazón.
Muchas felicidades.

martes, febrero 28, 2006

Cada uno en la medida de nuestras posibilidades...

... caminamos por nuestra vida haciendo cosas. Solemos pararnos a pensar de vez en cuando y a veces miramos atrás para ver el camino recorrido. A veces incluso miramos hacia adelante en busca de sueños, ilusiones y fuerzas para seguir adelante cada instante. Seguimos caminando.

Pero la persona espiritual, capaz de todo esto, es también capaz de sentarse un rato al lado del camino y simplemente observar el ajetreo. El camino es como una calle aledaña a un mercado persa. Hay personas por todas partes, habitualmente con prisas por comprar o vender, curiosos que deambulan entre los puestos, mercaderes que gritan al universo sus ofertas, juglares y tragafuegos que divierten a los viandantes, predicadores en busca de discípulos, místicos y ayunadores, y mucha otra gente de diversos tipos.

En ese momento, al calor del medio día, una persona en mitad del ajetreo descarga del hombro su canasto lleno de ropa, busca un rincón a la sombra, se sienta y respira. Y respira. Y no hace otra cosa que respirar y observar cómo el universo depliega sus colores ante ella. Pero no hace caso del universo, simplemente lo observa. Y respira, y sigue respirando. Y con cada respiración siente una vida: con cada inhalación un nacimiento y con cada expiración una muerte. Pero no hace caso y sigue respirando. El mundo se contrae y se expande, se puebla de fantasmas; aparecen recuerdos y sueños, ojos que miran, monstruos y personajes de todo tipo. La locura está a las puertas. Pero no hace caso y sigue respirando. Y respira. El tejido de la realidad se desdibuja, se pierde. Todo se convierte en ilusión,maya, sueño. Viene la oscuridad. Pero no hace caso y sigue respirando. Y sigue observando. Y sigue respirando.

La gente del mercado, ajenos a todo lo que no sean sus asuntos, pasan a su lado sin mirarle siquiera, sin ser conscientes de que ahí, a su lado, está alguien que conoce La Verdad. Simplemente ven a alguien sentado, con los ojos cerrados, las manos formando un óvalo, descansando una sobre otra, los pies cruzados uno sobre otro.
Es una hermosa visión, pero nadie tiene ojos para ella.


Un hombre en el mercado.

viernes, febrero 17, 2006

¿Qué decir que no haya dicho otro ya, y mejor que yo?

Esta pregunta me la hago varias veces al día desde hace algún tiempo cuando abro el panel de Blogger y me dispongo a escribir sobre algún tema.

Echar un vistazo a los blogs que tengo enlazados en la parte izquierda no ayuda demasiado a que me anime a escribir, porque son a cada cual mejor. Tener un entorno de personas sublimes te puede motivar para mejorar, pero también puede hacer que te quedes parado y dedicarte a abservar lo bien que lo hacen. Si esta situación se aplica a este blog y se le añade mi falta de tiempo no es dificil imaginar por cuál de las dos opciones me he inclinado.

He estado tentado de escribir acerca de mi trabajo en la UCM y de lo inútiles que pueden llegar a ser algunos funcionarios, de los días y noches tan estupendos que paso con mi amor y de lo maravillosa que es, de filosofía oriental y de la extraña mescolanza llamada "New Age" que ha surgido del encuentro de aquella con Occidente, de lo hermosos que pueden llegar a ser los atardeceres si se contemplan en silencio y con la actitud mental adecuada.

Pero todo el mundo sabe cómo son los funcionarios, mis días y noches con mi dama son tan geniales que escribir sobre ellos no serviría de nada, la filosofía oriental y la New Age han dejado de ser un terreno "alternativo" (ya que todo el mundo ha oido hablar de decorar la casa según las reglas del Feng Sui, de consultar el I Ching, de hacer Yoga, de vivir la vida según el Tantra, etc), y creo que lo hermoso de ver un atardecer no es desconocido para nadie.

Así soy yo, simple y sencillo a la hora de comunicar.

Carezco de la retórica y de la capacidad para hacer punzantes análisis que tienen el Capi y el Emperador. No poseo la facultad de transmitir devoción y fe que tiene mi buen Eleder, ni los sólidos conocimientos sobre historia y política del Último Íbero. Tampoco tengo la gran capacidad de análisis ni el sentido común de Rapunzell ni la inteligencia de Tindriel ni la energía de Athair.

Cuando pienso que tengo algo que decir al mundo en general encuentro varias razones para dejarlo estar y quedarme en silencio.

De todas formas, seguramente todas esas razones sean excusas baratas para encubrir un hecho cristalino, que es que no me apetece escribir.

martes, enero 31, 2006

Las palabras entonces no sirven. Son palabras.

Sabias palabras de Rafael Alberti, el cual como escritor y persona supo que hay situaciones en las que las palabras, simplemente no son suficientes.

Algunas personas me han comentado de viva voz su deseo de que escriba más cosas en este pequeño reducto virtual de pensamientos y vivencias. Por desgracia cada vez tengo menos deseo de escribir.

¿Tal vez otras cosas ocupan mi tiempo y mi mente? ¿Mi amor, mis dos trabajos, mi guitarra y mis libros no me dejan tiempo acaso para escribir? Lo dudo. Escribir es sencillo. Cada día suceden muchas cosas merecedoras de ser denunciadas o alabadas, comentadas o debatidas. Hay material para miles de entradas al día. Sacar diez minutos para escribir una entrada no es dificil.
¿Tal vez me suceden menos cosas interesantes? Justo lo contrario, afortunadamente.

No. Posiblemente sea que cada vez siento menos necesidad de dar esta virtual cara al universo. Cada vez tengo menos cosas que decir. Los debates acerca de los interesantes temas que promueven los "blogeros", amigos, compañeros y conocidos míos, que tengo enlazados y que visito regularmente, cada vez me interesan menos.

No. Nos hemos perdido en algún momento del camino. Hemos perdido el norte.
Siento que se me está escapando algo de vital importancia; algo que es tan obvio que lo estoy pasando por alto constantemente. Y también siento que esto mismo que estoy haciendo, como tantas otras cosas, no son sino distracciones.
Panem et Circenses; aun estoy buscando la salida del Circo Máximo.

Ahora en mi salón hay una caja tonta.

lunes, enero 16, 2006

Conversación en una cafetería de la UPM.
09:45 AM


Ear: Pues sí, chicos las cosas pintan mal y hay que hacer algo. Nuestra continuidad aquí está en peligro. Pero antes de plantearnos pasar a mayores tenemos que ver si somos capaces de tener una mínima organización. Planteo que quedemos hoy mismo las diez personas de este listado (señalando una raida libreta) para debatir las directrices que seguiríamos en caso de que esto marche.

Compañero 1: Perfecto. Entonces podemos quedar a las 14:30 en la sala de abajo que tendremos calma. Y de paso les decimos a los compañeros.

Ear: Guay. Me parece bien. ¿Todos de acuerdo?

(Murmullo, general y no demasiado entusiasta, de aprobación)

Compañera 1: ¿Y no podemos hacerla a las 14?

Compañero 2: ¿Por?

Compañera 1: No, porque estas cosas, ya se sabe, siempre se lían, y claro, lo mismo se termina tarde.

Ear: Mejor. Así verificamos el grado de implicación que va a tener la peña en esto. Es importante: se trata de nuestro trabajo. Si terminamos a las 15:30, pues a esa hora hemos terminado.

Compañera 1: Pues yo me voy a las 15.

(Contrapicado que enfoca a Ear, el cual pone los ojos en blanco y por un leve momento detesta pertenecer a esta generación, tan batalladora y altruista ella).

Fundido en negro.

viernes, enero 13, 2006

El mejor Chiste de Rubias de la historia.

Tengo poco tiempo pero esto está sin actualizar, así que post corto al canto.
Disfrutad del mejor chiste de rubias de la historia. Es un poco largo, pero me encanta.

Ciao!