Sociedad Tolkien y Hammo.
Llegué allí en las nubes, pero tardé menos de año y medio en impactar contra el duro suelo a una velocidad vertiginosa. La culpa, no hace falta decirlo, es mía, y mi carrera dentro de la sociedad ha sido la que ha sido por una serie de errores que cometí. ¿Lección aprendida? Ya veremos.
En esos dos primeros años aprendí muchas cosas acerca de mí mismo y de las personas que me rodeaban. Esas personas, compañeros de afición, de juergas y de cervezas, fueron también mis compañeros de camino. En la STE apredí a reir de verdad, a llorar de verdad, a amar de verdad, y más tarde a odiar de verdad. Podríamos decir que crecí dentro de la STE; y ella ha cargado con muchas de las culpas y mucha de la tensión de frentes que tenía abiertos. Algunos aún lo están. Pero ya es hora de cerrarlos y de ser un poco justo.
Acabo de mandar un correo electrónico a R, una bella dama novia de un amigo mío, que me pidió información acerca de la STE y de lo que se hacía en ella. Ha pasado una semana desde que me lo pidió y desde entonces no había encontrado, o mejor dicho, no había querido encontrar tiempo para escribirle. Pero ha habido un revulsivo que me ha hecho plantearme la inmadurez de mi postura ante la STE, y es ni más ni menos que este, y por extensión, este otro.
Para los que no lo sepan, el smial de Hammo es la segunda delegación (cronológicamente hablando) de Madrid. Surgió del antiguo Smial de Númenor por motivos que no viene al caso exponer ahora. Durante un tiempo demasiado largo esperé demasiado de este smial, y durante ese tiempo le dí mi confianza y mi apoyo ante el universo. También le dí mi energía y, hasta cierto punto, mi casa. Y mi impresora ;).
Luego me perdí por esos mundos, hastiado, y con ganas de dedicarme a mis cosas. Solamente tuve contacto con unas pocas personas de Hammo, las cuales me iban contando qué tal andaban las cosas por allí. Luego ni siquiera eso.
Pero ahora, dos años después, cuando leo los mails de agradecimiento de las personas que asistieron a la III Mereth DraCon, siento alegría por ver que ese cúmulo de sueños que era el Hammo que yo conocí se ha convertido en un cúmulo de realidades. Yo no he participado en ello, pero eso ya no importa.
Chicos, chicas, hammlings todos, mi enhorabuena de todo corazón.
Muchas felicidades.